Opinión

Ya no basta con hacer referencia exclusiva a la presencia de más de cuarenta mil cubanos que participan en áreas clave de la vida nacional. Ahora el protagonismo del mal está más diversificado. Peligros adicionales se suman a los existentes.
La soberanía venezolana pertenece al pasado, sobre todo al pasado democrático, en el que Venezuela llegó a la cima de su autoridad independiente.
Nadie siente vergüenza ni se sonroja cuando son señalados como corruptos y ladrones en sus distintos grados.
¿Será por desmemoriados, me pregunto hoy, que algunos de quienes se dicen opositores a la narco-dictadura que nos lega el soldado Chávez, administran Cuba y los militares a través de un mascarón de proa, Nicolás Maduro, reclamen escoger a un “líder único” a través de elecciones primarias?
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