Opinión

Ante la corrupción no puede haber contemplaciones. La corrupción no se disculpa, no se perdona. La corrupción se castiga, de lo contrario, se convierte en impunidad.
El poder establecido, o enquistado, en nuestro país, es una suerte de complejo político-militar-financiero, que se proclama “revolucionario” y “bolivariano”, pero que opera con los patrones típicos de la mafia.
Reparo en la actuación de las Naciones Unidas sobre Venezuela, uno de los ejes del Foro de Sao Paulo que explota, azuza y estimula a conveniencia el señalado escenario, para robarse los derechos de autor de un fenómeno de mayor calado y complejidad.
Para todos los venezolanos, Copei está a la orden del día. No somos comunistas. Tampoco socialistas de la cubana. Seguimos orientados por la Doctrina Social de la Iglesia.
“La mayoría venezolana resiente de la imagen militar y aquellos niños que una vez se disfrazaron de ‘chavecito’, en adoración a las creencias mesiánicas con los uniformados, hoy denuncian sus prácticas tildándoles de aniquiladores del futuro”, asegura Otto Jansen en su más reciente entrega.
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