Frente a la opresión y los opresores caben dos actitudes: someterse y callar para sobrevivir o en términos del filósofo, rebelarse, indica nuestro columnista Diego Márquez en una revisión de la obra del filósofo Albert Camus.

El pasado 4 de enero se cumplieron 59 años del fallecimiento -en un accidente vial- del filósofo, escritor, dramaturgo y periodista francés, nacido en Argelia, Albert Camus, quien se destacó en el campo del pensamiento por haber impulsado la filosofía del absurdo.

Esta corriente del pensamiento tuvo como vía de difusión el ensayo, la novela, artículos de prensa, el teatro y el cine. Camus obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1957 y fue miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias. Durante la ocupación nazi a Francia formó parte de la resistencia.

Desde su posición en el campo filosófico tuvo serias divergencias con Jean Paul Sartre y su corriente existencialista así como con sectores del marxismo filosoviético que hacían causa común con el Partido Comunista de Francia. La guerra de Argelia que polarizó a la sociedad francesa en su momento, hizo que asumiera opiniones que disentían de tal situación.

En 1956, en medio del fragor de dicho conflicto, hizo pública su Llamada a la tregua civil, abogando por el respeto a la población civil que sufría los estragos de los enfrentamientos entre el Ejército francés y los combatientes por la independencia. Su iniciativa ciudadana generó un rechazo violento por parte de los sectores en pugna. Hubo momentos en que fue agredido verbalmente por los intolerantes.

En su pensamiento cabe destacar un aspecto interesante que se identifica con lo que él denominó como la filosofía de la revuelta. Para quienes estudian y conocen su visión del hombre, el mundo y la sociedad, es claro que Camus siempre manifestó una profunda preocupación por la libertad del hombre, la justicia social, la paz y la eliminación de la violencia en todas sus formas.

De acuerdo con sus planteamientos, el hombre no está destinado a soportar condiciones que vulneren su integridad, por esa razón se puede levantar contra quienes lo explotan, lo oprimen, lo expolian, mediante sistemas y mecanismos signados por la práctica de la injusticia, el terror y la violencia. Desde esa perspectiva su rebeldía afirma los valores en cuyo nombre se torna rebelde. Ante lo inmoral de todo tipo de sistema tiránico, la filosofía de la revuelta posee un soporte moral para hacerle frente, combatirlo y derribarlo.

Para Camus, la acción política debe poseer una base moral concreta y sólida. En tal sentido, cuando habla de la legitimidad de la rebelión frente a los aparatos de la represión hace referencia a los elementos axiológicos que acompañan tal acción, de esta forma la rebeldía presupone el compromiso de quien se rebela con valores fundamentales. De esta forma la rebelión en contra de los tiranos y la tiranía debe asumir los valores de la justicia y la libertad.

La rebelión, entonces, trasciende el mero acto sentimental para tornarse en una de las dimensiones fundamentales del hombre. Los padecimientos del hombre en una situación y circunstancia históricas en el espacio y en el tiempo constituyen una realidad que debe ser asumida en toda su intensidad y a la cual no se puede ignorar: “A menos que huyamos de la realidad, estamos obligados a encontrar en ella nuestros valores”.

Son varias las obras de Camus a través de las cuales ofrece una visión filosófica del hombre y el mundo: El hombre rebelde, La muerte feliz, la caída, El mito de Sísifo, El Extranjero y La peste. Sobre esta última se hace continua referencia desde la crítica literaria: “Hoy La peste adquiere un significado fresco. La insistencia de Camus en colocar la responsabilidad moral individual en el corazón de las opciones públicas hiere bruscamente los hábitos confortables propios de nuestra edad”. No se pueden dejar las decisiones de los ciudadanos en manos de unos pocos que finalmente harán lo que esté acorde a sus conveniencias negociando a espaldas de la sociedad. Son los típicos mercaderes de la política.

Vale, pues, para concluir este artículo, recordar y comentar algunas frases de Camus: “La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas”. Los comentarios sobran ante lo evidente en el mundo político contemporáneo. “Ellos mandan porque tú obedeces”. Cuando los hombres hipotecan y entregan su libertad a cambio del asistencialismo, las dádivas y las migajas, desaparece el hombre libre y nace el hombre sumiso y alienado. “Un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada en este mundo”. Cuando en una sociedad el desconocimiento y el irrespeto por el “otro” se convierten en “valores”, el hombre pierde su esencialidad social y es capaz de actuar dentro del marco de lo inmoral. Es el fatal divorcio de la política con la ética.

Concluimos con unas frases de Camus: “Todas las revoluciones modernas han concluido en un reforzamiento del poder del Estado (…) Toda forma de desprecio, si interviene en política, prepara o instaura el fascismo”. No importa si es negro, pardo o rojo o variopinto. La historia habla por sí sola de un desprecio por el otro que ha derivado en violencia, cárcel, destierro, muerte, exclusión. “Me rebelo, luego somos”. Frente a la opresión y los opresores caben dos actitudes: someterse y callar para  sobrevivir o en términos del filósofo, rebelarse.  “¿Qué es un rebelde? Un hombre que dice no”. Por ello y mucho más dirá Camus: “Con la rebelión, nace la conciencia”. Y agregará: “De los resistentes es la última palabra. Me rebelo, luego soy”. 

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